Y fue a esa edad... Llego la poesía
a buscarme. No se, no se de donde
salio, de invierno o río.
No se como ni cuando,
no, no eran voces, no eran
palabras, ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
desde las ramas de la noche,
de pronto entre los otros,
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba.
Yo no sabia que decir, mi boca
no sabia
nombrar
mis ojos eran ciegos,
y algo golpeaba mi alma,
fiebre o alas perdidas,
y me fui haciendo solo,
descifrando
aquella quemadura,
y escribí la primera linea vaga,
vaga, sin cuerpo, pura
tontería,
pura sabiduría
del que no sabe nada,
y vi de pronto
el cielo
desgranado
y abierto,
planetas,
plantaciones palpitantes,
la sombre perforada,
acribillada
por flechas, fuego y flores,
la noche arrolladora, el universo.
Y yo, mínimo ser,
ebrio del gran vacío
constelado,
a semejanza, a imagen
del misterio,
me sentí parte pura
del abismo,
rodé con las estrellas,
mi corazón se desato en el viento.
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domingo, 26 de mayo de 2013
La Memoria
Tengo que acordarme de todos,
recoger las briznas, los hilos
del acontecer harapiento
y metro a metro las moradas,
los largos caminos del tren,
la superficie del dolor.
Si se me extravía un rosal
y confundo noche con liebre
o bien se me desmorono
todo un muro de la memoria:
tengo que hacer de nuevo el aire,
el vapor, la tierra, las hoja,
el pelo y también los ladrillos,
las espinas que me clavaron,
la velocidad de la fuga.
Tengan piedad para el poeta.
Siempre olvide con avidez
y en aquellas manos que tuve
solo cabían inasibles
cosas que no se tocaban,
que se podían comparar
solo cuando ya no existían.
Era el humo como un aroma,
en el aroma como el humo,
la piel de un cuerpo que dormía
y que despertó con mis besos,
pero no me pidan la fecha
ni el nombre de lo que soñé,
ni puedo medir el camino
que tal vez no tiene país
o aquella verdad que cambio
que tal vez se apago de día
y fue luego luz errante
como en la noche una luciérnaga.
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